Senderista sentado tras detenerse en la montaña

Cómo actuar ante una torcedura en la montaña: qué hacer paso a paso

Vas caminando con normalidad. Un paso sobre una piedra. El pie gira. Y en apenas un segundo aparece ese dolor agudo que te obliga a detenerte.

La primera reacción suele ser: "Seguro que no es nada. Puedo seguir." Y precisamente ahí puede comenzar el problema.

En montaña, una lesión aparentemente pequeña puede convertirse en una situación complicada si todavía quedan varios kilómetros hasta el punto de llegada. Por eso, ante una torcedura, la primera decisión no es intentar caminar. Es detenerse y evaluar.

Si quieres reforzar tu preparación general de seguridad antes de salir, puedes consultar también qué debe llevar un botiquín de senderismo.

Senderista sentado tras detenerse en la montaña

Lo que aprenderás

  • Cómo evaluar una torcedura durante los primeros minutos.
  • Qué señales indican que necesitas ayuda y cuáles permiten continuar con precaución.
  • Cómo proteger la articulación y decidir entre continuar, regresar o pedir asistencia.
  • Qué hacer en las horas y días posteriores a la lesión.

Qué es realmente una torcedura

En el lenguaje cotidiano hablamos de "torcerse el tobillo". Médicamente, muchas de estas lesiones corresponden a un esguince, que ocurre cuando los ligamentos que estabilizan una articulación sufren un estiramiento excesivo o una lesión.

Pero existe un problema: desde la montaña no puedes determinar con seguridad la gravedad de la lesión solamente por cómo se siente. Una lesión que inicialmente parece leve puede necesitar valoración médica. Por eso este artículo no pretende que diagnostiques la lesión. Pretende enseñarte a tomar decisiones más seguras después del accidente.

La primera regla: no te levantes inmediatamente

Después de una torcedura, espera unos segundos. Antes de intentar apoyar el pie, pregúntate:

  • ¿Dónde está exactamente el dolor?
  • ¿Puedo mover los dedos?
  • ¿Puedo mover el tobillo?
  • ¿Hay una deformidad evidente?
  • ¿Puedo apoyar el pie?
  • ¿El dolor es leve, moderado o intenso?

Estas preguntas no diagnostican un esguince. Sirven para decidir qué hacer a continuación.

Uno de los errores más habituales es intentar continuar inmediatamente. Si el tobillo duele, no pruebes corriendo, no saltes, no intentes "caminar para ver si se pasa". Primero evalúa. Unos minutos de pausa pueden evitar que una lesión empeore o que termines cayendo por falta de estabilidad.

Paso 1: observa la zona

Sin manipular agresivamente la articulación, observa: hinchazón, cambio de color, deformidad, posición anormal, heridas, sangrado y hematomas que aparezcan progresivamente. La comparación con el otro tobillo también puede ayudarte a detectar cambios evidentes.

Que no haya una hinchazón inmediata no significa que la lesión sea necesariamente leve.

Paso 2: comprueba la movilidad

Si puedes hacerlo sin provocar dolor importante, comprueba suavemente si puedes mover los dedos del pie. No necesitas forzar el tobillo para comprobar hasta dónde llega. Si existe dolor intenso, bloqueo, deformidad, pérdida de sensibilidad o incapacidad para mover adecuadamente el pie, no fuerces la articulación.

Paso 3: ¿puedes apoyar el pie?

Esta es una de las comprobaciones más útiles para decidir cómo actuar. Pregúntate: ¿puedo apoyar el pie de manera razonablemente estable? Si no puedes soportar peso debido al dolor, no intentes caminar para demostrar que puedes hacerlo. La incapacidad para apoyar puede aparecer en lesiones que requieren valoración médica, incluidas algunas fracturas.

Señales de alarma: aquí cambia el plan

Una torcedura requiere especial precaución si aparece cualquiera de estas situaciones:

  • Deformidad evidente: la articulación o el pie presenta una posición anormal.
  • Dolor muy intenso: especialmente si aparece inmediatamente después del traumatismo o aumenta rápidamente.
  • Incapacidad para apoyar: no puedes dar unos pasos debido al dolor.
  • Pérdida de sensibilidad: hormigueo intenso, entumecimiento o pérdida de sensibilidad.
  • Pie frío, pálido o azulado: puede indicar un problema circulatorio que requiere atención.
  • Herida importante: especialmente si existe una lesión abierta asociada.
  • Hinchazón muy rápida o importante: especialmente si se acompaña de dolor intenso.

Ante estas señales, no trates de resolver el problema únicamente con un vendaje y continuar la ruta.

El lugar donde ocurrió también importa

Una torcedura en una pista sencilla cerca de un vehículo no es la misma situación que una lesión en una cresta, un barranco, una zona rocosa, un sendero estrecho, una zona sin cobertura o a varios kilómetros del punto de salida.

Por eso debes evaluar dos cosas: la lesión (¿qué capacidad tienes para moverte?) y el entorno (¿puedes permanecer allí con seguridad?). La montaña convierte una lesión moderada en un problema potencialmente serio cuando la persona queda aislada o expuesta.

La pregunta clave: ¿puedo volver por mis propios medios?

No preguntes únicamente "¿puedo caminar?". Pregunta: "¿puedo regresar de forma segura?" Hay una gran diferencia. Quizá puedas dar algunos pasos, pero si todavía quedan varios kilómetros, un descenso pronunciado, terreno irregular y varias horas de luz perdida, continuar puede ser una mala decisión.

Si la lesión te impide regresar por el itinerario previsto y pierdes la referencia del camino, consulta también qué hacer si te pierdes durante una ruta.

Si vas acompañado, no continuéis como si nada

Si alguien del grupo sufre una torcedura, no debería quedarse atrás mientras los demás continúan. El grupo debe detenerse y reevaluar. Una persona puede ayudar a proteger la zona, revisar el mapa, comprobar cobertura, preparar el botiquín, decidir la ruta de salida o contactar con ayuda si fuera necesario. En una situación de emergencia, el grupo debe actuar como equipo.

El botiquín debe estar accesible

Llevar un botiquín no sirve de mucho si está enterrado en el fondo de la mochila. En una ruta, los elementos básicos para pequeñas lesiones deberían estar organizados de manera que puedan localizarse rápidamente: vendas, apósitos, material de protección, elementos de frío si forman parte de tu equipo y material para pequeñas heridas. La prioridad es poder actuar sin vaciar toda la mochila.

Botiquín de primeros auxilios preparado para una ruta

¿Hay que poner hielo inmediatamente?

Aquí conviene evitar una recomendación automática. El frío puede utilizarse para ayudar a aliviar dolor y molestias, pero no debe aplicarse directamente sobre la piel ni durante periodos prolongados. Además, no siempre tendrás hielo disponible en montaña. Una alternativa práctica es priorizar protección, reposo relativo y evitar sobrecargar la articulación mientras valoras la gravedad. No necesitas convertir el hielo en el centro de los primeros auxilios.

Protección antes que heroicidad

Si la persona puede caminar con seguridad y la lesión parece leve, la prioridad es evitar movimientos que aumenten el dolor: reducir el ritmo, evitar terrenos complicados, buscar una ruta de salida, utilizar apoyo si está disponible y valorar regresar. La pregunta no es "¿cómo puedo terminar la ruta?", sino "¿cómo puedo salir de aquí sin empeorar la lesión?"

¿Y el vendaje?

Un vendaje puede proporcionar soporte y compresión en determinadas lesiones, pero debe utilizarse correctamente. No debe quedar tan apretado que provoque entumecimiento, hormigueo, cambio de color, aumento del dolor o sensación de frío en el pie. Después de colocarlo, comprueba periódicamente cómo responde el pie. Si aparecen alteraciones de circulación o sensibilidad, afloja o retira el vendaje y busca asistencia.

Señal temprana Rivento™: "Después de la torcedura puedo caminar, pero cada paso duele más." No ignores esa señal. La capacidad inicial de caminar no demuestra que la lesión sea insignificante.

Habilidad práctica Rivento™: evaluación de 3 minutos

Ante una torcedura, deténte y realiza esta comprobación:

Minuto 1 — Observa: ¿hay deformidad? ¿hay hinchazón importante? ¿hay herida o sangrado? ¿el color del pie parece normal?

Minuto 2 — Sensación y movilidad: ¿puedes mover los dedos? ¿tienes sensibilidad normal? ¿existe dolor extremadamente intenso?

Minuto 3 — Apoyo: ¿puedes apoyar el pie? ¿puedes caminar sin dolor importante? ¿el terreno permite regresar de forma segura?

Si aparecen señales de alarma, no intentes convertir esta evaluación en un diagnóstico. Prioriza la seguridad y busca asistencia.

La habilidad que queremos que recuerdes: PARA → OBSERVA → EVALÚA → PROTEGE → DECIDE, no "torcedura → levantarse → continuar". Ese pequeño cambio de comportamiento puede marcar una diferencia enorme en una ruta.

Qué hacer después de la evaluación inicial

Ya has detenido la marcha y realizado la primera evaluación. Ahora llega una de las decisiones más importantes: ¿la persona puede continuar o es necesario abandonar la ruta? No existe una respuesta universal. La decisión depende de la lesión, pero también del terreno, la distancia restante, el clima, la experiencia del grupo y la posibilidad de pedir ayuda. En montaña, poder caminar no siempre significa que sea seguro continuar.

Después de una torcedura, evita movimientos innecesarios. Si el tobillo duele al moverlo, no intentes "probarlo" repetidamente. Busca una posición cómoda y estable. Si existe sospecha de una lesión importante, deformidad o fractura, no intentes recolocar la articulación por tu cuenta.

¿Debes seguir caminando?

Una buena regla práctica es: si caminar aumenta claramente el dolor, no continúes. Tampoco deberías intentar compensar apoyando de forma extraña el pie. Caminar varios kilómetros modificando la pisada puede generar nuevas molestias en rodilla, cadera, espalda u otra pierna, y en terrenos irregulares aumenta el riesgo de una segunda caída.

La prueba de los pocos pasos

Si no existen señales de alarma y la persona considera que puede desplazarse, realiza una prueba muy corta: ponte de pie lentamente, apóyate en un compañero si es necesario, da unos pasos sobre terreno estable y evalúa dolor, estabilidad, capacidad de apoyar y sensación de inseguridad. No conviertas la prueba en una caminata de varios minutos. Su objetivo es determinar si el desplazamiento básico parece posible, no demostrar que la lesión es leve.

Si el dolor aumenta con los pasos, deténte. No necesitas esperar a que la lesión empeore para tomar la decisión de regresar.

¿Regresar o continuar?

Cuando una persona se lesiona, el recorrido debería cambiar de prioridad. Antes, el objetivo era completar la ruta; después de una lesión, el objetivo es regresar de forma segura. Eso puede significar regresar por el mismo camino, tomar un atajo, buscar un acceso para vehículos, reducir el recorrido o pedir ayuda. Completar el itinerario original deja de ser la prioridad.

El terreno cambia completamente la decisión: caminar con una molestia leve por un camino ancho y plano no es comparable con hacerlo por una bajada rocosa y estrecha. Antes de decidir continuar, analiza qué terreno queda: subidas, bajadas, rocas, raíces, barro, cruces de arroyos o zonas expuestas. Cuanto más técnico sea el terreno, mayor debe ser la prudencia. Las bajadas merecen especial atención, porque el pie necesita estabilizarse continuamente sobre superficies irregulares.

Apoyo, bastones y frío

Si la persona puede desplazarse pero necesita estabilidad adicional, un compañero puede ayudar. Pero ayudar a caminar no significa arrastrar a una persona lesionada durante kilómetros: si necesita prácticamente todo el peso de otra persona para desplazarse, probablemente sea necesario reconsiderar la evacuación.

Los bastones de senderismo pueden proporcionar puntos adicionales de apoyo y ayudar a descargar parcialmente las piernas, pero un bastón no convierte una lesión grave en una lesión leve. Si existe dolor intenso, deformidad, incapacidad para apoyar o sospecha de fractura, no utilices los bastones como excusa para continuar.

El frío puede ayudar a disminuir temporalmente el dolor. Si dispones de una bolsa fría adecuada, protégela con una tela, evita colocarla directamente sobre la piel, no la mantengas durante periodos prolongados y controla la piel durante su utilización. Si ya estás en un entorno muy frío, no tiene sentido enfriar innecesariamente una extremidad expuesta.

Compresión y elevación

Una venda elástica puede utilizarse para proporcionar soporte y compresión, pero debe colocarse con cuidado. Después de vendar, comprueba color, temperatura, sensibilidad, dolor y circulación. Si aparecen alteraciones, afloja el vendaje.

Si estás detenido y existe un lugar seguro para sentarte o tumbarte, elevar la extremidad puede resultar cómodo y ayudar a controlar la hinchazón. No necesitas mantener el pie en una posición imposible: la prioridad sigue siendo comodidad, protección y seguridad.

Cinco errores que debes evitar

  • "Voy a seguir para ver si se pasa": puede convertir una lesión manejable en un problema mayor.
  • Forzar el tobillo: intentar moverlo violentamente para comprobar si "funciona" no aporta información útil.
  • Recolocar una articulación deformada: nunca intentes corregir manualmente una deformidad.
  • Apretar demasiado el vendaje: la compresión excesiva puede comprometer la circulación o la sensibilidad.
  • Ocultar el problema al grupo: decir "no pasa nada" cuando realmente existe dolor o inestabilidad puede poner a todo el grupo en una situación peor.

Cómo decidir si abandonar la ruta: el semáforo Rivento™

🟢 Verde — continuar con precaución: podría considerarse continuar o regresar lentamente cuando no hay deformidad, el dolor es leve, puedes apoyar, puedes caminar razonablemente, no aparecen síntomas neurológicos y el terreno restante es sencillo. Aun así, reduce el ritmo y vigila la evolución.

🟡 Amarillo — abandonar la ruta: si aparece dolor moderado, hinchazón creciente, inestabilidad, dificultad para caminar, terreno técnico o empeoramiento progresivo, la opción prudente suele ser regresar por una ruta sencilla o buscar una salida.

🔴 Rojo — solicitar ayuda: especialmente si existe deformidad, incapacidad para apoyar, dolor intenso, pérdida de sensibilidad, pie frío o con cambio de color, lesión abierta importante, empeoramiento rápido o imposibilidad de desplazarse. Aquí la prioridad deja de ser regresar caminando: es necesario buscar asistencia.

Antes de pedir ayuda, prepara la información

Si necesitas comunicar una emergencia, intenta explicar qué ocurrió ("torcedura durante una ruta"), dónde estás (ubicación, coordenadas o referencias visibles), qué puede hacer la persona (puede o no puede caminar), qué síntomas presenta, cuántas personas hay en el grupo y cómo son las condiciones de clima y terreno. Cuanta más información puedas proporcionar, más fácil será valorar la situación.

Antes de comenzar una ruta, descarga el mapa, conoce el recorrido, identifica accesos, revisa cobertura cuando sea posible y comparte tu itinerario si vas a una zona aislada. Una lesión puede convertir una ruta perfectamente conocida en una situación complicada; tener la ubicación preparada reduce el tiempo necesario para reaccionar.

No diagnostiques en la montaña

Una de las trampas más comunes es intentar clasificar inmediatamente la lesión: "es solo un esguince". Sin una evaluación profesional no siempre puedes saberlo. Una fractura, una lesión ligamentosa importante u otra lesión puede presentarse inicialmente de forma parecida. Por eso la pregunta correcta no es "¿qué grado de esguince tengo?", sino "¿es seguro que continúe caminando?"

Si finalmente puedes regresar

Házlo de forma conservadora: reduce el ritmo, evita terrenos complicados siempre que exista una alternativa, utiliza apoyo si resulta necesario y vigila la evolución; si aumenta el dolor o la inestabilidad, deténte. Una lesión puede hacer que una ruta de dos horas se convierta en cuatro, así que asegúrate de tener suficiente luz, agua y energía para el regreso.

Una lesión puede duplicar el tiempo previsto de una ruta, por lo que la cantidad de agua que llevas debe contemplar cierto margen. Consulta también cuánta agua debes llevar según la temperatura para calcular mejor tu reserva.

Después de la torcedura: recuperación y señales de alarma

Una torcedura no termina cuando consigues regresar al punto de partida. De hecho, una de las decisiones más importantes ocurre después de abandonar la ruta. Que puedas caminar no significa necesariamente que la lesión esté resuelta, y que el dolor disminuya tampoco garantiza que puedas volver inmediatamente a tu actividad habitual.

Presta atención a cómo evoluciona la lesión durante las siguientes horas: dolor, hinchazón, aparición de hematomas, movilidad, capacidad para apoyar, sensibilidad y estabilidad. No necesitas determinar exactamente qué estructura se ha lesionado; lo importante es detectar si la evolución es favorable o si aparecen señales que justifican una valoración profesional. No evalués únicamente "¿cómo me siento ahora?"; pregunta también "¿estoy mejorando o empeorando?".

¿Cuándo deberías buscar valoración médica?

Una torcedura merece valoración profesional si no puedes apoyar el pie, el dolor es intenso, existe una deformidad, la hinchazón es importante, aparece un hematoma considerable, existe dolor localizado sobre un hueso, tienes pérdida de sensibilidad, el pie presenta cambios importantes de color o temperatura, la movilidad está muy limitada, los síntomas empeoran en lugar de mejorar o tienes dudas razonables sobre la gravedad. No necesitas esperar varios días para consultar si existe una señal preocupante.

Un accidente que parece una simple torcedura puede producir también una fractura u otra lesión importante: "puedo moverlo" no significa necesariamente "no está roto". No todas las torceduras necesitan una radiografía, pero si existen signos compatibles con una posible fractura, una valoración médica puede determinar si es necesaria. La montaña no es el lugar adecuado para intentar resolver esa incertidumbre por tu cuenta.

Descansar no significa inmovilizarse por completo

Conviene diferenciar entre proteger la lesión (evitar actividades que provoquen dolor o puedan empeorarla) e inmovilizar completamente (no mover nunca la articulación). No todas las lesiones necesitan una inmovilización prolongada; la recuperación adecuada depende de la gravedad y del diagnóstico. Si la lesión es importante, sigue las indicaciones de un profesional sanitario.

¿Cuándo puedes volver a hacer senderismo?

No utilices únicamente el calendario: que hayan pasado tres días, siete días o dos semanas no significa automáticamente que estés preparado para volver. La recuperación debe evaluarse por función. Antes de regresar a una ruta exigente, deberías poder realizar progresivamente actividades cotidianas sin dolor significativo y recuperar movilidad y estabilidad. Si la lesión fue importante, la vuelta a la actividad debe seguir las recomendaciones profesionales.

Antes de pensar en una ruta larga, evalúa progresivamente si puedes caminar por terreno plano sin dolor significativo, subir y bajar escaleras sin molestias importantes, mantener el equilibrio sobre la pierna afectada, si has recuperado una movilidad razonablemente normal y si puedes realizar actividad ligera sin que el dolor aumente después. Si alguna de estas actividades provoca dolor importante o sensación de inestabilidad, no utilices una ruta de montaña como prueba de recuperación.

La primera ruta después de una lesión no debería ser tu ruta más difícil. Evita empezar con mucha distancia, gran desnivel, terreno técnico, mochila pesada o rutas sin cobertura. Empieza con distancia corta, terreno sencillo y posibilidad de regresar fácilmente; si la respuesta del cuerpo es buena, podrás aumentar progresivamente la dificultad.

Señal temprana Rivento™: "El tobillo parece estar bien, pero vuelve a doler después de caminar." No ignores este patrón: puede indicar que has progresado demasiado rápido. Reduce la carga y, si persiste o empeora, consulta con un profesional.

Lo que una torcedura enseña sobre tu equipo

Después de una lesión, haz una pequeña auditoría: ¿tenias botiquín?, ¿sabías dónde estaba?, ¿tenias vendas adecuadas?, ¿llevabas suficiente agua?, ¿tenias batería?, ¿conocías tu ubicación?, ¿habías informado a alguien de tu ruta?, ¿tenias una alternativa para regresar? Una emergencia pequeña puede revelar problemas en la planificación que conviene corregir antes de la siguiente salida.

Si vas solo, aumenta el margen de seguridad: informa de tu ruta, comparte horario aproximado, lleva navegación offline, lleva suficiente agua, considera una batería externa, evita rutas demasiado comprometidas para tu nivel y revisa la cobertura disponible cuando sea posible. La autonomía debe aumentar cuando no tienes un compañero que pueda ayudarte.

El clima puede convertir una lesión leve en una emergencia: torcedura, lluvia, descenso y anochecer combinados añaden riesgo de hipotermia, pérdida de visibilidad, terreno resbaladizo y mayor dificultad de evacuación. Si necesitas detenerte durante bastante tiempo, ponte ropa adecuada, protégete del viento y la lluvia, utiliza una manta térmica si es necesario, evita permanecer directamente sobre suelo frío y mantén la comunicación. Y recuerda la regla de la luz: una torcedura puede multiplicar el tiempo necesario para regresar, así que si vas a caminar cerca del límite de luz disponible, lleva un margen suficiente.

El protocolo de 60 segundos

Si tú o alguien de tu grupo sufre una torcedura, intenta recordar esta secuencia de diez segundos por paso: parar, observar, comprobar movilidad y sensibilidad, comprobar apoyo, valorar el entorno y decidir (continuar con precaución, regresar o pedir ayuda). No es un diagnóstico. Es una estructura mental para evitar tomar decisiones impulsivas.

El error más peligroso probablemente no sea la torcedura, sino pensar "ya que he llegado hasta aquí, tengo que terminar la ruta". La montaña seguirá ahí. La ruta se puede repetir. Una lesión agravada puede tardar semanas o meses en recuperarse. No conviertas el objetivo de completar una ruta en una razón para ignorar una lesión.

Prepárate antes de necesitarlo

Una torcedura no avisa, y por eso el mejor momento para preparar tu equipo de seguridad es antes de comenzar la ruta. El SafeTrail™ Botiquín de Rivento reúne vendas, apósitos, guantes y material de protección organizado para poder actuar rápido, sin vaciar toda la mochila. Lleva lo necesario, aprende a utilizarlo y, sobre todo, aprende a reconocer cuándo no debes continuar.

Importante: este contenido tiene finalidad educativa y no sustituye una valoración médica ni la formación en primeros auxilios. Si existe una lesión grave, síntomas importantes o dudas sobre la seguridad de continuar, prioriza solicitar asistencia y seguir las indicaciones de los servicios de emergencia o profesionales sanitarios.

Preguntas frecuentes

¿Qué hago inmediatamente después de torcerme el tobillo?

Detén la actividad, protege la zona y evalúa dolor, movilidad, sensibilidad, hinchazón y capacidad para apoyar. Si existen señales de alarma o no puedes desplazarte con seguridad, busca asistencia.

¿Debo seguir caminando si puedo apoyar?

No necesariamente. Poder apoyar no significa que sea seguro completar varios kilómetros. Debes considerar el dolor, la estabilidad, la evolución y la dificultad del terreno.

¿Cuándo debo pedir ayuda?

Si existe deformidad, dolor intenso, incapacidad para apoyar, pérdida de sensibilidad, cambios importantes de color o temperatura, lesión abierta importante o imposibilidad para regresar con seguridad, debes priorizar la asistencia.

¿Es bueno poner hielo en una torcedura?

El frío puede ayudar temporalmente con el dolor, pero debe utilizarse protegiendo la piel y sin aplicaciones excesivamente prolongadas. No sustituye una valoración cuando existen señales de alarma.

¿Debo vendar un tobillo torcido?

Una venda puede proporcionar compresión y soporte en determinadas situaciones, pero no debe quedar demasiado apretada. Si aparecen cambios de color, sensibilidad, temperatura o aumento del dolor, hay que aflojarla y buscar orientación.

¿Puedo continuar la ruta después de una torcedura leve?

Depende de la situación. Si puedes caminar razonablemente, no existen señales de alarma y el terreno permite regresar de forma segura, puede ser más prudente reducir la actividad o regresar en lugar de completar el recorrido original.

¿Cómo puedo prevenir una torcedura?

Entrenamiento, calzado apropiado, atención al terreno, ritmo adecuado y trabajo de fortalecimiento y propiocepción pueden ayudar a reducir el riesgo, aunque ninguna estrategia elimina completamente la posibilidad de lesión.

Conclusión

Una torcedura puede parecer un pequeño accidente, pero en montaña una pequeña lesión puede cambiar completamente las condiciones de una ruta. Por eso recuerda: para (no sigas automáticamente), observa (comprueba dolor, movilidad, sensibilidad y deformidad), protege (evita cargar innecesariamente la articulación), evalúa (considera también el terreno, el clima y la distancia restante) y decide (continuar con precaución, regresar o pedir ayuda).

Y, sobre todo: no necesitas demostrar que puedes terminar una ruta. Necesitas asegurarte de que puedes volver a casa. La mejor decisión en montaña no siempre es avanzar. A veces es darse la vuelta. Y eso también forma parte de saber hacer senderismo.

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